Durante el Mes del Orgullo 2025, desde TRANSED tuvimos la oportunidad de entrevistar a Camila Herrera, periodista, activista y actual coordinadora nacional de la RedDiversa de Municipalidades por la Inclusión y la No Discriminación. Desde la Municipalidad de Cerro Navia, donde dirige la Oficina de Diversidad y Disidencia, Camila ha sido una pieza clave en la articulación de políticas públicas locales con enfoque de derechos. En esta conversación, reflexiona sobre los aprendizajes, desafíos y horizontes que marcan el trabajo desde los gobiernos locales por la igualdad y la dignidad de las personas LGBTIAQ+.
¿Qué aprendizajes has recogido desde la coordinación nacional de la Red Diversa y el trabajo en Cerro Navia?
Creo que uno de los aprendizajes más importantes es que no todas las comunas son iguales. No podemos esperar que en todas las comunas haya la misma política pública, o que todas las comunas lleguen al mismo tiempo a ciertas transformaciones. Hay comunas que llevan 10, 12 años trabajando temas de inclusión, y hay otras que están empezando recién. Entonces, no se puede exigir lo mismo, ni pedir que se apliquen las mismas herramientas.
En la Red Diversa recogemos las experiencias locales y tratamos de replicarlas en otros territorios. Por ejemplo, hay municipios que ya están capacitando a sus funcionarios, o donde se trabaja con colegios. Todo eso lo vamos documentando para que en comunas con menos recursos o menos trayectoria puedan también avanzar. El trabajo territorial es fundamental. Uno no puede decir: “hagamos una política nacional y aplíquenla todos por igual”. Eso no sirve.
¿Cómo se ha vivido este proceso en la comuna de Cerro Navia?
En Cerro Navia hemos trabajado mucho desde el territorio, con las personas LGBTIAQ+, con sus familias, con equipos de salud y educación, y también con los propios funcionarios municipales. La inclusión no es algo que depende solo de una oficina. Tiene que ser una pega de todos. Cuando alguien llega al municipio y lo derivan a nuestra oficina, lo importante no es que solo nosotros sepamos atender, sino que cualquier persona dentro del municipio sea capaz de dar una atención digna y sin discriminación.
Ese cambio cultural se logra haciendo talleres, conversatorios, acciones de sensibilización y acompañando a las personas. Muchas veces los funcionarios no discriminan por mala voluntad, sino porque no tienen las herramientas. Por eso insistimos tanto en la formación interna. También nos hemos preocupado de trabajar con las familias, con los colegios, con jardines infantiles, generando confianza.

¿Qué importancia le atribuyes a contar con datos y diagnósticos en este trabajo?
En el caso de la Red Diversa, junto al gobierno central, hemos hecho ya dos catastros nacionales. El primero fue para saber cuántas oficinas de diversidad existían en Chile. Nos dimos cuenta de que muchas veces no se llamaban “oficinas de diversidad”, pero hacían el trabajo igual: oficinas de mujeres, de juventud, de derechos humanos. Lo importante era mapear quién estaba trabajando en esto.
El segundo catastro fue mucho más profundo. Preguntamos cuáles eran las principales demandas que recibían estas oficinas, cómo se articulaban internamente, cuántos funcionarios tenían, si contaban con presupuesto, con vehículos, con redes de apoyo. Y los resultados fueron muy potentes: las tres principales temáticas que atienden las oficinas municipales son el acompañamiento a familias de personas trans, el apoyo psicológico y la prevención del abandono escolar. Eso nos da una fotografía clara del trabajo que se hace en los territorios y permite tomar decisiones más informadas.

¿Cómo ves el lugar que ocupa hoy la Red Diversa en el contexto nacional y latinoamericano?
La Red Diversa es única. No existe en otro lugar del mundo una red de municipios que trabaje estos temas de forma articulada, y que esté integrada por equipos técnicos y funcionarios públicos. Es muy potente ver cómo hemos resistido incluso en contextos hostiles, donde hay autoridades que no apoyan o donde no hay recursos.
El año pasado estuvimos en Colombia, invitadas por el gobierno nacional, para compartir la experiencia de la Red. También nos contactaron desde Brasil y México. La Red Diversa es un referente. No porque tengamos una estructura perfecta, sino porque demuestra que es posible trabajar desde lo local, con voluntad política, con pocos recursos, pero con muchas ganas.
¿Qué mensaje compartirías con nuevas generaciones de funcionaries públicos que están comenzando en este camino?
Que escuchen a la comunidad. Que no se les olvide que estamos al servicio de las personas. Que pidan presupuesto, porque sin recursos no se puede hacer nada. Que estudien cómo funciona el aparato público. Muchas veces queremos cambiar todo de una, pero hay que aprender a moverse en el sistema, saber qué se puede hacer desde la institucionalidad y qué desde lo comunitario.
Y que no se desesperen. A lo mejor no vamos a vivir nosotros los cambios que queremos, pero estamos abriendo caminos para los que vienen después.

En el marco del Mes del Orgullo, ¿qué mensaje quisieras compartir?
Que el orgullo no es solo una fecha o una bandera. Es una historia de lucha, de memoria, de resistencia. Y que tenemos que seguir trabajando para que ningún niño, niña o niñez sufra por ser LGBT, en Chile o en el mundo.
Y también recordar que los municipios son la puerta de entrada al Estado. Si logramos transformar la atención que se da en un municipio, estamos transformando la forma en que el Estado se relaciona con las personas. Y eso puede cambiar vidas.
Esta entrevista forma parte del esfuerzo de TRANSED por visibilizar las voces que sostienen, transforman y movilizan los territorios desde una política del cuidado y la justicia. Reconocer a activistas como Camila Herrera —mujer, lesbiana y funcionaria pública— es también honrar las prácticas comunitarias que hacen posible la vida digna, y que disputan el sentido de lo público desde la experiencia, la memoria y el compromiso radical con los derechos humanos.
Desde las disidencias, reafirmamos que ningún proceso de cambio es posible sin quienes habitan y transforman el territorio. Por eso, seguimos escuchando, documentando y amplificando las voces que resisten y crean. Porque nuestra historia también se escribe desde los márgenes.



